Nada deseaba Gurudev con más fervor que hallar guía espiritual.



Dios Mismo le había mostrado un destello del más allá, pero el camino hacia allí, es tan zigzagueante, y sus ojos estaban tan cerrados.



Toda su vida es la historia de un correr tras quien pueda revelarle un poco de Divinidad, quien pueda darle un destello de sabiduría.



No hay distancias demasiado extensas para él, cuando sabía que podía encontrar alguien, que experimentó algo de lo Divino, o incluso que conoció a alguien que tuvo esa experiencia. Como un coleccionador de diamantes, cada una de esas gotas de shakti, la fue poniendo delicadamente, en lo profundo de su alma. A Gurudev nunca le importó las definiciones de senderos, nunca creyó en doctrinas. Para él, la experiencia directa de Dios es una y la misma, y quien haya vivido algo de lo Supremo, puedo darlo en su idioma, cultura y a su manera, y él siempre estaba abierto a recibir.



Es por eso que Gurudev ha tomado a lo largo de su vida, tantos maestros, guías y fuentes de inspiración, que para quien lo vea superficialmente, le puede parecer poco consistente, pero si uno toma la experiencia divina, como la base en común de todos sus guías, claramente se verá, que Gurudev siempre estuvo interesado en la experiencia misma, en el punto central de todos los senderos, en Dios y sólo en Dios.



El maestro es la luz del sol que llega a tu ventana. No puedes tocar el sol, pero por sunshine, will develop your relationship with the sun.



Elocuente maestro, elocuente discípulo.



Gurudev parece ser siempre discípulo. Cada vez que se encuentra con alguna autoridad espiritual, siempre se inclina y para que las aguas de la sabiduría fluyan hacia él. Siempre dice que para beber, hay que estar dispuesto a inclinarse.



Estricto y exigente para con sus discípulos, siempre animando su desarrollo, y rezando por su elevación.



Se le preguntó: "¿cuándo estarás satisfecho con tus discípulos". Dijo: "un maestro nunca está satisfecho con sus discípulos, mientras sean discípulos. Sólo cuando son por sí mismos maestros, cuando realizan a Dios, entonces el maestro estará satisfecho y sabrá que ha cumplido su función."



El maestro es la gracia de Dios que toma forma de un cuerpo, para que quien aspira a la liberación pueda recibir las sutiles verdades, es el idioma que pueda entenderlas. ¡Qué haría el discípulo sin un Maestro que le muestre que es posible!







¿Cómo empezó todo?



El juego "Maestro—discípulo"



En el centro de Yotam, en Haifa, se había formado un lindo grupo de gente interesada en el yoga, que vivían juntos, en la casa de Ramakrishna que sabía más que ellos y les enseñaba. Pero de hecho, ellos no sabían lo que era realmente un ashram, y que implicaba ser discípulo. Ramakrishna observó a los jóvenes por un tiempo, para ver si eran serios en su elección del sendero espiritual. Al ver que lo eran, y era para algunos una decisión de vida, Ramakrishna también tuvo que asumir su posición y empezar a explicarles todo desde el principio.



Un día reunió a todos los discípulos y les dijo lo siguiente:



"Vamos a jugar un juego. Yo seré el Maestro y ustedes serán los discípulos. En este juego yo haré correcciones, puede ser que no les resulten agradables, pero ustedes deberán siempre recordar que en este juego, yo soy el Maestro, y no pueden reaccionar de manera impulsiva o irrespetuosa. En este juego habrá situaciones, quizás difíciles, pero tienen que recordar siempre las leyes del juego".



Los jóvenes aceptaron entusiasmados el juego, y esperaban con ansiedad las "situaciones". Y en este juego, el problema es que cuando la "situación" ocurre, uno tiende a olvidarse que es una situación, y cuando la dificultad aparece, uno tiende a olvidarse las reglas del juego que uno mismo aceptó al comienzo.



Así se vieron expuestos a muchas situaciones, en la que pudieron aprender sobre sí mismos, olvidarse las reglas y aprender y recordarlas a veces. Pero siempre observándose y aprendiendo a conocer los propios mecanismos.



Un día Ramakrishna preguntó: "¿Quién desea dar la clase de yoga a las seis?". Swami Satyananda y Swami Ramananda se ofrecieron en seguida. Prema devi dasi, siendo nueva y sintiendo aún mucha inseguridad, no se ofreció a enseñar. — "¿Quién es el que menos tiene ganas?"— preguntó esta vez. Prema levantó sinceramente la mano. "Bueno, Prema, entonces tú darás la clase".



Ramakrishna le dio a Swami Ramananda la responsabilidad de organizar un retiro de yoga en la naturaleza. Para ella era un desafío, ya que nunca lo había hecho. Así lo hizo, consiguió un bonito lugar en una comunidad rural. Vinieron muchos alumnos. Ramakrishna dio parte de las actividades y el resto los discípulos. El viernes a la noche, hicieron Satsang y una fogata y cantaron mantras hasta entrada la madrugada.



Así lo que comenzó como un juego, se fue transformando en la base de la gran organización Ramakrishnananda Yoga Vedanta Mission, que cuenta ahora con la sede central en New York City y centros en diferentes lugares de EEUU y Sudamerica.











Gurudev en Rishikesh



La llegada a Rishikesh fue sumamente emotiva. La tierra de los santos, a los pies del Himalaya. ¡Cuánto había escuchado Gurudev acerca del Maestro Sivananda que pisó estas tierras, cuánto había soñado en caminar sobre sus huellas un día!



En Rishikesh no hay autos, la ciudad se expande a las dos orillas del río Ganges.



Rishikesh es un lugar mágico. Está prohibido consumir hay carne ni huevos.



Hay numerosos senderos y cuando uno camina por ellos ve diferentes sadhus, hombres santos y renunciantes que viven en la calles totalmente desposeídos de toda riqueza material. Cada uno tiene su propia práctica. Unos meditan, otros haces yoga, otros japa, otros música, algunos dibujaban y otros estudiaban Ramanaya. El lugar en muy limpio y la municipalidad ofrece a los sadhus comida gratuita todos los días. Hay muchísimos ashrams y templos en Rishikesh. La primera noche Gurudev quiso visitar lugares sagrados e ir a meditar a lo orillas del Ganges. Pero lo que parecía interesarle más que nada, era encontrar quien pueda guiarlo en su vida espiritual. Srila Prabhupada y Swami Vishnu ya no estaban en el cuerpo, y Gurudev sentía que tenía que encontrar quien pueda darle inspiración en su vida espiritual.



Allí en Risihikesh, conoció a Swami Vinodananda, un cercano discípulo de Sivananda. Vivía en una pequeña choza, pero dormía afuera para no molestar a los ratones. Gurudev estaba fascinado de su sabiduría y su devoción a su maestro. Durante una semana, todos los días fue por las tardes a visitarlo y se sentó por horas a conversar con él, lo que fue transmitido en esos encuentros quedará siempre solo en el corazón de ellos dos.







Gurudev visitó el Ashram Sivananada ubicado al otro lado del Ganga. Allí conoció a Swami Krishnanannda Saraswati. Mucha gente había venido a escucharlo y presenció una de sus conferencias. Swami Krishnananda es un muy conocido discípulo de Sivananda. Gurudev recibió sus bendiciones y su guía en el poco tiempo que pudieron compartir. Gurudev sabe siempre como tomar el néctar en totalidad de cada santo que tiene la oportunidad de conocer.



Quería aprender hatha—yoga, y estaba buscando algún yogui fidedigno que pueda transmitirle sabiduría en ese sendero. Le recomendaron ir a Swami Kutir Krishna. Vivía en un pequeño techo de un edificio. Discípulo de Sivananda y su cocinero personal durante mucho tiempo. Tenía 80 años, y era un maestro de hatha yoga. Su espalda estaba perfectamente erguida y era increíble la flexibilidad que conservaba a su edad. Le contó a Gurudev que no temía de la muerte porque sabía que en el momento de irse, su maestro vendría con un avión a llevarlo, y de hecho nunca moriría. Le enseño los misterios de al gunas asanas, practicaron juntos y Swamiji le corrigió y guió en su práctica.



Gurudev fue al cuarto de Sivananda. Sintió cada objeto que se conservaba allí de la época de Sivananda. Quería beber su shakti y pureza. Krishna era su Ishta devata y conservaban allí la deidad a la que le hacía personalmente puja. Para Gurudev, con su enorme devoción a Krishna, le emocionó muchísimo verla. Luego visito el negocio y compro todos los libros de Sivananda y sus discípulos.







También se encontró con ashram menos auténticos, que estaban hechos para occidentales que se interesaban en practicar yoga. Visitaron uno de esos ashrams ya que Gurudev quería ver de qué se trataba. Lo primero que preguntó fue: "¿dónde está el guru?", le mostraron una anciano que no podía comunicarse. Gurudev quería recibir verdadera guía, y no tenía tiempo que perder en ashrams comercializados.



Kirtanananda Swami tenía un centro en construcción allí, había deidades y un negocio, preguntó por él, pero le dijeron que no vivía allí.



Luego se alejaron de Rishikesh en dirección a los himalayas y se internaron en los bosques. Allí pudieron ver todo el tiempo los auténticos sadhus que van y vienen. Ellos viven en el bosque, en completa renunciación, sin ninguna posesión, duermen en el bosque y mendigan la comida. Cada uno tiene su estilo y su práctica, y se pueden encontrar devotos de los diferentes aspectos de La Divinidad. Fue en esos bosques donde Swami Sivananda se internó para practicar soledad y meditación antes de fundar su organización. En el bosque conoció a Bhapu, era un babaji muy puro. Tenía una plataforma de asfalto donde practicaba yoga. Le enseñó algunas asanas y practicaron juntos la salutación al sol, Surya Namaskar. Luego caminaron con él hacia una zona de cuevas, donde tenían algunas cabañas que eran parte de un tipo de ashram. Bhapu no hablaba inglés, pero escribía y dibujaba para poder transmitirle a Gurudev los misterios del Vedanta. " "Yo" tengo una casa....Tienes que sacar el "Yo"", intentaba explicarte Bhapu con dibujos y señales. Incluso sin poder entender todo lo que intentaba decir, la sabiduría que transmitía su presencia era muy fuerte.



Luego Gurudev quiso acercarse al sagrado Ganges, meditó en sus orillas, practicó yoga y experimentó la cercanía de la poderosa presencia del río testigo de tantos santos por tantas generaciones, la Madre Ganga.



Baba Brahamananda



Baba Brahamananda caminaba pausadamente en su rutina diaria de práctica espiritual y servicio. Su presencia en la muchedumbre no pasaba inadvertida. Era sin duda una persona muy especial. De elevada altura, impecable y ordenado en su vestimenta, en el entrecejo, la ubicación del tercer ojo, un círculo blanco de cenizas de cuerpos cremados como llevan los devotos de Siva y en el centro un círculo rojo de cúrcuma como los devotos de la Divina Madre. Se veía diferente del resto de las personas. Su presencia era muy fuerte y a la vez muy pacífica. Se lo veía ocupado, pero no apurado, como si cada momento tuviera su propia importancia, su profundidad, su misterio. Durante su estadía en Risihikesh, Gurudev solía comer en un restaurante sobre el Ganga al lado del templo de Siva. Todos las tardes a las 6, se realiza la ceremonia de adoración al Río Ganga, la mayoría de los habitantes de Rishikesh, vienen a presenciar la ceremonia y cantar las mantras. Es lo más importante que pasa en el día. La gente que vive allí, está interesada en el desarrollo espiritual, y así pasan sus días, no es cines y conciertos, sino en constante adoración a Dios. Baba Brahamananda vino como todos los días a presenciar la pooja. Gurudev notó enseguida su presencia y al terminar la ceremonia se le acercó, se presentó y comenzaron a hablar. Baba Brahmananda se presentó diciendo que es un baba renunciante y discípulo del gran Maestro Mastramji. Gurudev le pidió sumisamente su instrucción y guía en el sendero espiritual. A lo que le respondió que en unos días' entraría en una época de silencio (mauna) durante unos meses y si quieren que le enseñe tendrá que ser en estos pocos días que quedan.



Se encontraron al día siguiente en el templo de Siva. En el techo del templo, está instalado un Siva Lingam al cual le hacen ofrecimientos durante todo el día. Se sentaron a hablar por mucho tiempo. Lo más increíble de esa escena, es ver a Gurudev, siendo el mismo Guru y habiendo iniciado discípulos y teniendo una propia institución, en su humildad y sumisión de ser discípulo, de querer aprender más y más, de no avergonzarse de decir que necesita guía y ayuda y de reconocer que aunque su amor a la vida espiritual es muy grande, la directa experiencia de la Divinidad, no ocurre en él.



Lo que conversaron quedó sólo en el corazón de los dos, pero era claro ver que una relación muy profunda estaba comenzando.



Al día siguiente Baba Brahmananda vino al hotel donde Gurudev residía, desde la terraza que se veían los Himalayas. Nuevamente estuvieron conversando por horas. Baba Brahmanana distinguió que la sinceridad en la búsqueda de Gurudev era muy especial, que es algo inusual de encontrar en la mayoría de la gente. Por esa razón quiso por primera vez, revelarle los misterios que había aprendido de su propio maestro y guardado por tanto tiempo, esperando que algún día alguien con un corazón limpio que merezca recibirlos. Le enseñó mudras (posturas de las manos), y le dijo que venga a visitarlo a su casa. Gurudev fue por la noche a su casa, se sentaron en el patio y nuevamente la conversación se extendió varias horas. En el camino de vuelta al hotel, Gurudev y Radha escucharon mucha gente cantando mantras a Krishna. Caminaron en la dirección del sonido, y vieron sentados a todos los dueños de Riksha (las bicicletas que llevan un carro con pasajeros, lo que serían los taxis de India). A las horas de la noche, esa es su dedicación, sentarse a cantarle al Señor. Ellos se sentaron a cantar las mantras a Krishna con ellos y fueron muy bienvenidos. Gurudev quería beber la espiritualidad del pueblo, un disfrutar de su devoción.



Al día siguiente se volvió a encontrar con Baba Brahamananda quien lo llevó a la cueva en la cual vivió su maestro, Master Mastramji. Le contó todo acerca de su maestro, como vivió, las enseñanzas que impartió, y los secretos que le reveló. Maestro Mastramji no es muy conocido en Occidente, pero es muy popular en India. Todos le imparten muchísimo respeto y lo consideran un Siddha yogui. No hay quien no sepa en Rishikesh, que hay que cuidarse mucho de no cometer ninguna ofensa para con él ya que sus fuerzas son muy poderosas. Vivió toda su vida en una cueva a la orilla del Ganges, y a su alrededor se fueron acercando buscadores espirituales que se consideraban sus discípulos. Incluso varios de sus discípulos son occidentales que vinieron a la India en busca de espiritualidad y se quedaron a vivir con él. En un momento decidió que era el momento de separarse de su cuerpo físico, y dejó de comer hasta que dejó su cuerpo 9 meses más tarde. Esto muestra su el nivel de identificación con naturaleza espiritual.



Baba Brahmananda le regaló una foto de su maestro, Gurudev al llegar a su ashram, la colocaría en su altar y en el Vyasasan. Algo realmente sorprendente es la similitud física entre Gurudev y Master Mastramji, podría confundirse uno pensando que era esa una foto de Gurudev. Pero nada es casualidad. Algo de la fuerza de Master Mastramji, fue transmitido a través de Baba Brahmananda, para llegar como el diamante más preciado al corazón de Gurudev y ayudarle en su desarrollo.



Master Baba Brahmananda entró en su periodo de mauna y aislamiento, después de haberle transmitido todo lo que recibido de su Maestro, le dio una llave que precisaría cuando llegue el momento apropiado. Gurudev decidió entonces que llegó el momento de seguir su viaje y emprendió su camino a Vrindavan. Tomaron un taxi y llegaron a las 8 horas a la sagrada ciudad de Vrindavan.