Hatha Yoga y Swami Vishnu Devananda
Un día, en el año 1983, un amigo le dijo que un Swami hindú venía a visitar Israel. Gurudev dijo que lo encantaría ir a verlo, y su amigo le dio la dirección del centro de yoga donde iba a dar una conferencia. Ese día, Gurudev llegó a Tel Aviv temprano. Entró en el lugar, pero no vio a nadie. Se acercó lentamente al cuarto, de donde oyó voces de una alegre conversación. No entró en el cuarto, pero permaneció en el pasillo, ocultándose detrás de una puerta. Las voces del cuarto deben ser del Swami y sus discípulos, pensó. Gurudev estaba demasiado asustado para entrar en el cuarto. La idea de estar frente con un guru le daba temor. Y entonces la puerta se abrió, él se escondió para que nadie lo viera, una persona salió del cuarto y comenzó a subir rápidamente las escaleras. Gurudev pudo apenas ver sus piernas. Era Swami Vishnu Devananda, discípulo del gran Maestro Swami Sivananda.
Gurudevluego se fue a sentar en la sala donde el Swami iba a dar la conferencia. Al ver entrar al Maestro, Gurudev ofreció sus reverencias y durante todo el programa, no le quitó los ojos de encima. Estaba encantando. Pensó:— "Es hindú, es Guru, es Swami, ¡es como Srila Prabhupada!". Estaba feliz de haber encontrado a alguien con el cual pueda desarrollar una relación de maestro discípulo. Gurudev le sacó muchas fotos y grabó la conferencia. Swami Vishnu era de la escuela Advaita Vedanta, y enseñaba Yoga Integral que incluía la práctica de Bhakti—yoga, el sendero que había practicado hasta ahora, pero también Raja—yoga, Hatha—yoga y Jñana—yoga. Swami Vishnu había aprendido directamente de Swami Sivananda, y a su pedido, había venido al Occidente a predicar sus enseñanzas. Para Gurudev empezaba un nuevo período en su vida que duraría durante 9 años, en el cual se entregó por completo a la guía y servicio de Swami Vishnu Devananda. Terminó el programa y Gurudev tenía que apresurarse a volver a Carmiel. Pero él sabía que este encuentro no sería el último. Gurudev incansablemente, trataba de regresar a la experiencia de iluminación que había tenido cuando niño. Por eso, su acercamiento a un gran yogui era para poder recibir instrucción para auto realizarse. Swami Vishnu, en sus años de experiencia como guru, sabía muy bien que mucha gente se acerca, pero no siempre con la seriedad del desarrollo espiritual. Por lo tanto, la relación con Gurudevtambién se volvió muy importante para él y le dio un trato sumamente especial.
Swami Vishnu volvió a Canadá y Gurudev tomó la decisión de pedirle iniciación la próxima vez que se encontrara con él. En esa época, muchos de sus discípulos daban iniciación en su nombre, pero Gurudev quiso esperar hasta verlo personalmente. La próxima visita, se le acercó y le dijo que quisiera recibir iniciación diksha. Swami Vishnu aceptó su pedido y le dijo que recibirá iniciación en los próximos días. Los días pasaban y Gurudev temía que Swami Vishnu se olvidara, entonces se le acercó y le recordó: "¿Cuándo recibiré diksha?". Ven mañana a mi hotel y te daré iniciación. Al día siguiente, temblando de emoción, Gurudev se sentó a esperar en la puerta de su habitación. Salió Swami Surpananda, secretario personal de Swami Vishnu. Le dijo: —"puedes entrar". Swami Vishnu estaba sentado en el suelo, en la postura de loto. Gurudev entró y ofreció sus reverencias. Swami Vishnu le preguntó en qué mantra quería recibir la iniciación. Gurudev le pidió el maha—mantra. En una íntima ceremonia, Swami Vishnu le dio la mala, y le dijo: "desde ahora, tu nombre será Ramakrishna". Él no podía creer los momentos que estaba viviendo. Estaba tan atento a Swami Vishnu que quería beber cada momento en su presencia.
Swami Vishnu volvió a su ashram. Ramakrishna a su vida de casado, pero ahora con un nuevo nombre espiritual, y una nueva sadhana. Ramakrishna se aseguró de que la relación con Swami Vishnu fuera intensa y fluida. Al tener tantos discípulos, Swami Vishnu ya no identificaba a todos. Por lo tanto, Ramakrishna le escribía cada semana una carta y le mandaba una foto suya para que lo recuerde. A veces Ramakrishna lograba localizarlo por teléfono y expresarle su admiración y deseos de servirle. Ahora en sus prácticas, el Hatha Yoga tomaba un lugar principal. En el salón de su casa, o en el parque, o en la fábrica dedicaba todo el tiempo que podía a la práctica de asanas y de ejercicios de Pranayama. En una de sus cartas, Swami Vishnu lo invitó al curso de profesores de Yoga, "Yoga Acharya" que tendría lugar en su Ashram en Canadá, durante un mes. Tenía que hacer muchos arreglos para que su sueño se haga realidad. Necesitaría recibir el consentimiento de su familia, de su jefe y por supuesto juntar el dinero para el pasaje y la estadía. Poco a poco fue arreglando sus cosas, cuando se trataba de espiritualidad, nada podía obstruir su camino.
Finalmente, todo se arregló, y con gran entusiasmo Ramakrishna viajó a Canadá.
El objetivo de su viaje le era claro, poder servir a su maestro espiritual, asociarse con él, recibir sus instrucciones y su sabiduría y profundizar así la relación maestro discípulo. Esperaba tener allí las condiciones para meditar y avanzar en la experiencia, que tan difícil se hacía en la vida de casado.
El grupo que llegó para el curso, contaba con yoguis de todo el mundo, muchos de habla hispana, de España y Argentina, con los que pudo comunicarse más fácilmente. Pero él no estaba allí para sociales, ni para pasear y disfrutar de la naturaleza. Era un gran esfuerzo para el haber podido tomarse ese mes, y quería pasarlo lo más cerca posible de Swami Vishnu, y en introspección e intensiva práctica espiritual.
Swami Vishnu vino a dar la bienvenida al nuevo grupo que había llegado, entre los cuales habían muchos de sus antiguos discípulos.
Swami Vishnu preguntó:
— "¿Cómo te llamas?"
— "Yo soy Parvati"
— "¿De dónde eres?"
— "De Londres"
— "¿Y tú?"
— "Yo soy Kartikeya de París"
Y enfrente de Ramakrishna dijo:
— "Oh, Ramakrishna, namaste, ¡qué alegría verte aquí!
Todos tornaron la vista. ¿Cómo es posible que lo reconozca? ¡Qué íntima relación tendrán!
Después de organizarse en las habitaciones, les indicaron ir a la oficina a arreglar la inscripción y los pagos. Ramakrishna esperó en la línea pacientemente. Cada participante tenía que abonar el arancel del curso, y el precio de la estadía. Cuando llegó su turno, Ramakrishna les mostró la carta que recibió firmada por Swami Vishnu donde indicaba que no tenía que abonar y que era un invitado personal. Los discípulos que trabajan en la oficina, en los años realizando este servicio, no vieron jamás una carta de invitación, debía tratarse de un discípulo muy especial para su Guru, así que Ramakrishna pudo notar de inmediato como cambió el trato hacia él.
El ashram era inmenso, localizado en una ladera en el medio de los bosques. Con mucho esfuerzo, habían construido todos los discípulos que llegaron con Swami Vishnu, los pioneros de la misión. La construcción era muy sencilla y apropiada a la vida yóguica. Era como sentirse en India. Había un edificio de dormitorios, donde Ramakrishna compartía un cuarto con 2 visitantes más. Había otro edificio, mucho más lujoso donde vivían los swamis y Bramacaris, y como servicio los visitantes venían a limpiarles los cuartos. Luego había una gran estructura de madera donde se dictaban las clases de yoga y se hacían los encuentros de meditación con Swami Vishnu. Otro edificio era el comedor y a lo lejos, la casa de Swami Vishnu, que habían construido los discípulos, tres lujosos pisos, y en las paredes externas de la casa, pintadas imágenes de Dioses. No estaba permitido acercarse a los alrededores de su casa. Sólo entraba dos discípulas que servían a Swami Vishnu y le preparaban la comida y mantenían la casa. También cuidaban su salud, que no era muy buena a pesar de contar en ese momento con 54 años.
Ramakrishna era bastante atrevido cuando se trataba de cosas espirituales, y como quien no sabía nada, se acercó a su la casa. Swami Vishnu comenzó a desarrollar un afecto especial hacia él, viendo lo importante que le era la asociación. Había muchísima gente, pero pocos parecían realmente interesarse por la relación con el maestro. Ramakrishna había recibido su primera instrucción en la Conciencia de Krishna, y sabía bien la importancia del guru. Aparte, guardaba siempre en su corazón el recuerdo de Prabhupada, el primero que lo cautivó a la vida espiritual. Esa era una muy importante para con él, y veía en la relación con Swami Vishnu, una posibilidad de expresar ese amor en su corazón hacia el maestro espiritual.
Ramakrishna se acercó hasta que Swami Vishnu pudo verlo. Mientras Shakti le hacía señales que se aleje, justamente Swami Vishnu le indicó que se acerque. Lo invitó a entrar a su casa, y le sirvió té y galletitas. Swami Vishnu le pidió que venga de vez en cuanto a limpiar la su casa. Él aceptó encantado. Ramakrishna estaba petrificado de temor. A pesar de su inmenso respeto se atrevió a pedirle que le diera el libro "El yoga completo" firmado. Swami Vishnu aceptó, le pidió a su secretaria que le traiga un libro y se lo dedicó. Ramakrishna salió extático, qué íntima asociación había tenido, y qué trofeo había obtenido.
Ramakrishna vino al día siguiente a limpiar la casa. Pero era un peligro ya que había demasiadas cosas que quería llevarse consigo. Al salir, sin que nadie se dé cuenta, tomó una pequeña almohada y se la llevó a su cuarto. Era un experto en tomar cada gota de energía divina y la almohada en la que Swami Vishnu mismo apoyó la cabeza, era una tentación irresistible.
Así empezó a llegar a la casa de Swami Vishnu a hacer el servicio, y asociarse con él. La relación entre ellos se fue profundizando. Una vez se volcó agua, y Swami Vishnu le dio a Ramakrishna su chal para que la secara. Ramakrishna secó el agua y se quedó con el chal. Pero Swami Vishnu vio sus intenciones y extendió la mano para recibirlo de vuelta. Cuando salía a pasear por el ashram, siempre se podía ver a Ramakrishna siguiéndole a donde iba, sacándole todo el tiempo fotos. Swami Surpananada, un discípulo muy cercano, se le acercó a advertirle: "Ramakrishna, no molestar a Swami Vishnu". Ramakrishna dijo: "yo no lo molesto, sólo camino en silencio".
Un día se sentó a meditar frente a la estatua de Swami Sivananda, todos se fueron a cenar, pero para Ramakrishna, sentarse junto a Swami Vishnu mientras él meditaba, era sin duda, lo que más deseaba. Viéndolo así, Swami Vishnu le dijo a Ramakrishna:—"¿Ves esas piedras al lado del camino?, por favor ponlas a lo largo de este otro sendero".
Ramakrishna respondió apresurado:—"¡Cómo no Swami Vishnu!". Pero cuando se tornó a ver las piedras no podía creer lo que veía, ni tres personas podrían mover semejantes piedras. En un esfuerzo enorme, trató de moverlas, pensando para sí mismo: —"¡oy, qué lástima que no fui a comer, que hago aquí a esta hora moviendo piedras!". Swami Vishnu siguió su estática meditación.
Cuando Ramakrishna terminó, lo volvió a llamar. Ramakrishna se acercó asustado, ¿cuál sería su próxima tarea?
—"Ramakrishna" — le susurró Swami Vishnu — "ahora ve a comer".
— "Si, Swami Vishnu, Namaste"
Ramakrishna estaba constantemente atento de lo que pasaba con Swami Visnhnu. Cursaba las clases, pero en cada oportunidad, se buscaba un lugar elevado y miraba echaba un vistazo a todo el ashram para ver si vislumbraba alguna vestimenta naranja. Y si lo veía, corría en su dirección.
Una noche salió a hacer un paseo nocturno, y para su suerte, en la plataforma de madera donde practicaban yoga, Swami Vishnu estaba caminando, ida y vuelta. Ramakrishna se apresuró hacia allí. Notó que Swami Vishnu se había quitado los zapatos. Se sentó en silencio a esperar que termine su caminata. Cuando parecía que quería volver a su casa, Ramakrishna corrió con sus zapatos a calzárselos. Swami Vishnu no dijo una palabra, pero aceptó su servicio.
Las pujas no eran muy populares. Pero Ramakrishna iba frecuentemente a recibir Darshan del Señor Krishna y meditar en el templo.
Ramakrishna continuó con su práctica de Bhakti Yoga. Mientras todos practicaban Japa mentalmente en silencio con mantras tales como "Om nama sivaya", él caminaba alrededor cantando alegremente en voz alta "Hare Krishna Hare Krishna Krishna Krishna Hare Hare Hare Rama Hare Rama Hare Rama Rama Rama Hare Hare"... muchos levantaban una ceja al ver su comportamiento, y pensaban que estaba realmente fuera de la línea de Swami Vishnu. La práctica de mantra mentalmente era consideraba la más elevada, y parece que todos eran muy elevados porque practicaban sólo así. Pero Ramakrishna, fiel al maha— mantra, practicaba así a pesar de ser mirado como un verdadero principiante. Un día, mientras Swami Vishnu Devananda daba a conferencia llamó a Ramakrishna al escenario y le dio un pergamino, "Esto es para ti" — dijo. Ramakrishna aceptó el papel con las manos unidas y regresó a su lugar. Leyó el diploma, era similar al que reciben los profesores, pero era un diploma diferente, "Krishna Bhakta", devoto de Krishna. Ramakrishna fue el único que jamás recibió un título así de Swami Vishnu Devananda.
Swami Vishnu le dijo con una voz firme: "Las cosas tienen el significado que tú les das". Swami Vishnu le enseñó lo que es un verdadero maestro.
Ramakrishna publicó una revista sobre Swami Vishnu en árabe y la repartió entre la población drusa de Israel. Le trajo una copia para mostrarle a su maestro.
Swami Vishnu tomó la revista, empezó a hojearla y le dijo severamente ante todos sus discípulos allí presentes:—"¡Qué calidad deplorable, es una verdadera vergūenza, la próxima vez no publiques algo sin mostrarme, es inaceptable!"
La verdad es que Ramakrishna estaba muy afligido por haber decepcionado de tal manera a su maestro, pero estaba contento que por lo menos le había dado un poco de atención, aunque sea para regañarlo. Luego Swami Vishnu salió de la habitación a saludar a una pareja de discípulos que recién había arribado al ashram. Ramakrishna salió tímidamente del cuarto, rogando no ser notado. Swami Vishnu lo vio a lo lejos y le indicó con la mano acercarse. Atemorizado se acercó, y Swami Vishnu le dijo a la pareja: —"Les presento a Ramakrishna, vive en Israel y publica una impresionante revista de Yoga en árabe, hace un maravilloso trabajo allí, y quisiera también que traduzca al árabe mi libro meditaciones y mantras".
Ramakrishna respiró por primera vez en los últimos minutos y entendió su lección.
Una vez que, cuando Swami Vishnu Devananda le enseñaba la postura sobre la cabeza, después de que Ramakrishna bajó de la asana, levantó inmediatamente la cabeza. El Swami le dijo que debe permanecer algunos momentos con su cabeza en el suelo, pero él le contestó que no lo necesitaba porque estaba acostumbrado. Swami Vishnu Devananda le gritó "¡Tu harás lo que yo te digo!". Gurudev estaba aprendiendo lo que es ser realmente un discípulo.
Una vez todo el ashram se fue de paseo, y había una persona discapacitada en una silla de la ruedas. Swami Vishnu le mandó a decir a Ramakrishna que sea el encargado de llevarlo. Él estaba tan feliz que Swami Vishnu lo recordó y decidió darle ese servicio. Él obedeció inmediatamente, y llevó a esta persona con mucha paciencia, atento de no cometer ningún error ya que era su servicio.
Un día, a la hora que Swami Vishnu dormía la siesta, Ramakrishna fue a pasear cerca de su casa. Todos sabían que estaba prohibido, pero él se hizo el que no lo recordaba. Kartikeya salió al jardín: —"Ramakrishna ¿qué haces aquí? sabes que está prohibido, le contaré a Swami Vishnu y él te echará del curso. Esa noche en el satsang Ramakrishna estaba tensionadísimo. Esperaba en cualquier momento que Swami Vishnu le diga frente a todos que no seguirá el curso. Pero para su alivio, todo pasó en paz.
Swami Vishnu cada noche daba satsang en los cuales participaban como 300 personas. Ramakrishna tomaba su cámara, se levantaba en silencio del público y se paraba frente al escenario y empezaba a sacarle fotos a Swami Vishnu, quería captar cada momento y perpetuarlo. El flash en la cara de Swami Vishnu le molestaba en los ojos. Swami Vishnu lo tomaba con humor y decía: — "Ramakrishna me da iluminación". De a poco, muchos yoguis, empezaron a pedirle que también le saque con sus cámaras, así que ya se acercaba con una pila de cámaras a fotografiarlo. Una vez sacándole fotos en su casa, llegó a la última foto. La cámara comenzó a rebobinar y hacia un ruido tremendo. Ramakrishna escondió la cámara, esperando que no lo notara. Swami Vishnu preguntó qué es ese ruido. "Perdón, es mi cámara de fotos". Swami Vishnu sonrió, ya estaba acostumbrado a Ramakrishna.
Al finalizar el curso, tuvo que volver a Israel. La separación fue muy difícil para él, y trató por todos los medios de estar conectado a su Maestro, practicando, enseñando, y viviendo una vida yóguica como él enseñaba de "vida sencilla y pensamiento elevado".
Era tradición que el día del cumpleaños, todos los centros del mundo, llamaban a Swami Vishnu para felicitarle. Ramakrishna no podía tomarse el día y viajar al centro de Tel Aviv. Entonces se le ocurrió llamar en forma independiente y probar su suerte. El teléfono sonó y atendió el secretario, cuando escuchó quién era le dijo que no recibía llamadas de discípulos individuales, sólo de los centros, pero Swami Vishnu le preguntó quién era. Escuchó que dijo:—" Ramakrishna, por supuesto, pásame el teléfono". Para su gran honor y emoción pudo hablar directamente con él, quien le agradeció la tarjeta de cumpleaños que le había mandado con algunas fotos que había sacado en el ashram.
En sus últimos años, Swami Vishnu recopiló las cartas escritas por Swami Sivananda y publicó un libro que llamó Sivananda Upanishad. Swami Vishnu mandó un libro a cada centro en el mundo. Cuando Ramakrishna lo llamó, le dijo que estaba triste por no haber recibido un libro, y que desearía mucho que se lo dedique. Swami Vishnu ya estaba muy mal de salud y estaba casi inválido, pero con gran dificultad hizo el esfuerzo por él y le firmó y envió el libro.
Durante unos seis meses Swami Vishnu guardó voto de silencio, mauna. Pero esto no detuvo a Ramakrishna de seguir llamándolo por teléfono. Cuando le decían que estaba en mauna, él pedía sólo que le pongan el teléfono para que escuche. Y Ramakrishna expresaba una y otra vez su amor por él. Swami Vishnu no hablaba, sólo escribía lo que quería decir. Ramakrishna pidió que le enviaran la hoja original donde escribió el mensaje para él.
Swami Vishnu Devananda dejó su cuerpo en 1993, y así terminó un intensivo período de 10 años de intensiva relación maestro discípulo. En todos esos años sintió gran aprecio y afecto hacia este gran yogui que le había dado tanta instrucción en yoga y espiritualidad. Ramakrishna tomó muy duramente su desaparición y sintió deseos de continuar distribuyendo sus enseñanzas y mensaje.
Libro "El Hatha—yoga Clásico"
En el año 1997, publicó su primer libro sobre Hatha—yoga. El libro incluye explicaciones sobre cientos de asana, indicaciones para su realización, beneficios del asana a nivel físico y energético, y fotografías mostrando todos los pasos para llegar a la asana. Toda la sabiduría que Gurudev recibió de tantas autoridades de este área, se expresa en al libro, como así también su propia experiencia y descubrimientos. El libro fue escrito en un tiempo record de un mes. En el lapso de un año, la primera edición fue agotada, y se publico la segunda edición.
Centro de Yoga en Carmiel
Ramakrishna sentía una gran deuda para con Swami Vishnu y la gran contribución que le había dado en su vida espiritual. Quería servirle y ayudarle en su misión de distribuir el Yoga y a la vez sentía la necesidad de compartir con otros lo que había aprendido para que más gente se beneficie. Esta era un cualidad muy consistente en su personalidad, desde niño disfrutaba de compartir con otros su bicicleta, y ahora estaba por comenzar un verdadero servicio a los demás. Empezó a enseñar yoga a sus amigos y compañeros de trabajos. Venían a buscarlo los fines semana, y se iban al parque con frazadas, las tendían sobre el césped, y Ramakrishna les enseñaba técnicas de meditación, asanas y ejercicios de respiración. También se encontraban los viernes a la noche, para hacer Satsang, encuentros de meditación y cánticos de mantras. Allí Ramakrishna les enseñaba la filosofía del yoga y las verdades de las escrituras.
Un día pensó que quizás era el momento de realizar su sueño y la misión de vida. Pensó en abrir un centro de yoga en Carmiel, la cuidad donde vivía con su familia. El proyecto era grande para él en ese momento, que tenía que mantener a sus tres hijos, cuidar de sus padres y suegros... Le presentó la idea a su esposa, y rogando contar con su apoyo, le dijo que en un corto tiempo sería otro ingreso monetario para la familia. Esa idea la convenció, y también el hecho que teniendo un centro, estaría más comprometido con el lugar, y dejaría la idea de seguir viajando a Canadá al Ashram Sivananda.
Dichoso con el nuevo desafío, Ramakrishna fue a buscar el lugar apropiado para el centro. Fue al centro comercial de Carmiel, y encontró un local en alquiler. Con muchos esfuerzos, organizó el dinero para empezar, anhelando tener algún ingreso para poder seguir manteniendo el lugar.
Decoró el lugar con posters de yoga, que venía guardado durante tantos años, esperando un día lograr abrir su propio centro. No tenía dinero para colchones, así que los tomó "prestados" del centro deportivo de su hija.
Poco a poco fueron viniendo alumnos. Al principio sólo ancianos, y luego de todos los sectores de la población. Un día vino al centro una famosa doctora de Carmiel. Era una mujer muy engreída y orgullosa, y no se amigaba con nadie en la ciudad creyéndose de un nivel muy superior. Durante la primera clase de yoga, mientras Ramakrishna indicaba lo que debían hacer los alumnos, ella hacía lo que quería. Ramakrishna la llamó a un lado y le dijo: "en la clase haces lo que yo te digo, si quieres hacer lo que tú quieres, vete y practícalo en tu casa". La mujer se sorprendió de cómo le habló, y su reacción primera fue irse, pero volvió a su colchón y terminó la clase tal siguiendo las instrucciones de Ramakrishna. Al final de la clase, se le acercó encantada a agradecerle. Desde eso momento, se volvió una de sus fieles seguidoras, y no se perdía ningún encuentro en parque ni por supuesto ningún Satsang los viernes y recomendaba las clases a todos sus conocidos y pacientes. La cantidad de alumnos fue creciendo, y Ramakrishna se fue dedicando más y más al centro, y menos a su trabajo. Tenía un ingreso del centro, pero principalmente lo hacía por vocación. Estar dedicado a asuntos espirituales era lo que más deseaba y el Hatha Yoga era su pasión. Era un instructor brillante y su amor por el Yoga contagiaba a todos sus alumnos. Con el tiempo pudo dejar el trabajo de la fábrica y sólo dedicarse a enseñar. Agregó también clases en el centro deportivo de Carmiel.
El centro absorbía tanto su atención, que también su familia fue quedando de a poco en segundo lugar.
Yoga Center — Yotam
Estando en Sivananda Ashram en Canadá, se le acercó un yogui que le habló en Hebreo. Le dijo:—"¿Tú eres Ramakrishna?" — . "Sí" — le contestó. "Hari Om, Yo soy Narayan, también soy de Israel, así que es bueno tener tus datos para poder estar en contacto allí. Narayan decidió entregarse a la organización y quedarse en Canadá como miembro del equipo. Luego la organización lo envió a Nueva York, y finalmente volvió a Israel a abrir un centro de Yoga. El centro estaba en Haifa, en la calle Yotam 32Ṝ, Monte Carmel. Un día, invitó al centro a una importante autoridad espiritual de la organización llamado Kesava. Narayan llamó a Ramakrishna y a muchos otros yoguis que vivían en Israel y fue un evento muy fuerte. Ramakrishna pidió una cámara de video prestada a un amigo y filmó todo el encuentro. Pero para él fue mucho más que un satsang. Miró a su amigo, Narayan, con su propio centro de Yoga, en un lugar tan bonito, y algo le dijo: "este lugar es para ti". Ramakrishna, atareado con las obligaciones de dueño de casa, sentía deseos de estar en su lugar. Pero el centro de Narayan no tenía éxito, y durante tres años trató de sacarlo adelante, pero no lograba juntar más de 6 o 7 alumnos, y eso no le alcanzaba para cubrir los gastos. En una conversación con Ramakrishna, le dijo que quería cerrar el centro, porque le daba pérdida y que le avise si conoce a alguien que estaría interesado en tomarlo.
La idea le quedó retumbando en su mente y le contestó:—"Seguro, si alguien se interesa te avisaré". ¿Acaso era esta una señal, una oportunidad, una prueba?
Ramakrishna ya había dejado el trabajo en la fábrica, y había recibido un poco de dinero de compensación. En esa época se dedicó a estudiar masaje, un curso que le proporcionaba el Ministerio de Trabajo. Se dedicaba ahora a mantener su centro en Carmiel, y completar su ingreso con clases adicionales en centros deportivos. En el centro en Carmiel y tenía 6 o 7 alumnos cada clase, y unos 2 o 3 venían a los Satsangs que hacía los viernes. A veces no venía nadie, y entonces hacia Satsang para sí mismo y meditaba. Su experiencia le indicaba, que si quería atraer más gente, más potente que ir a convencerla y publicitar, era meditar. La gente se sentía mágicamente atraída cuando Ramakrishna se dedicaba a la meditación.
La idea de tener un centro en la gran ciudad de Haifa era desafiante. Haifa es la tercer cuidad de Israel, y el puerto principal a orillas del Mediterráneo. El Monte Carmel es precioso, llenos de pinos y con vista al mar.
El barrio del centro de Yoga era bastante aristocrático y podía tener potencial, pero había otros centros cerca con más años en la zona. ¿Cómo podría asumir tal riesgo? Si su amigo estaba en pérdidas y deudas, ¿qué posibilidad le quedaba a él de tener éxito? Haifa estaba a una hora y media de viaje de Carmiel, y podría viajar a la mañana y volver a la noche, estaba dispuesto a ese sacrificio. La lógica le indicaba que era un error, pero su intuición le decía que esta era su gran oportunidad. En un acto irresponsable, decidió tomar el dinero que había recibido, llamó a su Narayan y le dijo: "He decidido tomar tu centro". Le dijo— "¿En serio? ¿Estás seguro que podrás mantenerlo?"—
"Dios dirá"— dijo Ramakrishna — "pero quiero correr el riesgo".
Tomó el autobús a Haifa y caminando por la calles de Haifa, le parecía lo máximo que podía aspirar. Las casas se esconden en el monte entre la espesa arboleda, y el aroma de naturaleza le olía a libertad.
Llegó por fin al departamento, su amigo lo estaba esperando, ya había empacado todo en pocos días, estaba tan apurado por irse. Dio una vuelta ligera para ver el centro, aunque la decisión ya estaba tomada. Narayan le dio las llaves y le dijo:—"¡Qué sea con suerte!, mañana la primera clase es a las diez, si te preguntan por mí, diles que tuve obligaciones y no vendré por un tiempo, ¡me salvaste! Gracias". Al mes Narayan se casó y dejó el yoga. Esos mágicos arreglos del destino hicieron que cambiaran los papeles, como Ramakrishna lo había anhelado hace tres años.
El departamento quedó en silencio. Le gustaba esa tranquilidad, ideal para Yoga. El salón de práctica no era muy grande, pero suficiente para empezar. Al final del salón había un ventanal de vidrio que permitía ver los árboles del valle.
Tenía aparte tres habitaciones más, una pequeña cocina, y una terraza interna. Una habitación se transformó en el templo, donde puso un pequeño altar y sería la sala de meditación, otra habitación la transformó en recepción y la tercera sería para sus
necesidades personales. No había alfombra ni aire acondicionado, faltaban también un poco de adornos, pero era mucho más de lo que podía aspirar.
Feliz con la decisión, volvió a su familia en Carmiel, pensando todo el camino como soñaba decorarlo. Pronto dedicaría todo su amor para que cada rincón de centro sea sagrado y recuerde a Dios. Su padre le ayudaría pintando cuadros, tallados repisas y estatuas.
Leave his house Till here
El centro de yoga
El nombre de su centro fue "Instituto de Yoga y Desarrollo Integral". Daba cuatro clases por día: de 8 a 9:30 y de 10 a 11:30 de la mañana, y de 6 a 7:30 y 8 a 9:30 de la tarde. Pero en su situación entendió que no se podía basar sólo en el centro, y necesitaba completar su ingreso con clases fuera del centro. Dependía totalmente del Yoga. Formó grupos de Yoga en Carmiel, 1 hora y media de viaje, Acre, un hora de viaje y Kiryat Motzkin 45 minutos del centro. Cuando terminaba la segunda clase de la mañana, salía corriendo para dar la vuelta al resto de los centros y llegar a tiempo de la clase de las 6:00 pm. El esfuerzo era sobrehumano. Iba a dar conferencias acerca del yoga en cada lugar que podía. Tenía que pelearla y estaba solo. Cuando terminaba la última clase, comenzaba la publicidad. Salía del centro con un bolso cargado de panfletos y carteles, a decirle a todo Haifa que llegó su centro de yoga. Nadie podía permanecer indiferente ante los carteles y los panfletos que encontraban día a día en los buzones y en todos los árboles y negocios. Ramakrishna volvía a la 1 de la mañana, a descansar para juntar fuerzas para el nuevo día. Para Ramakrishna, la decoración del centro era fundamental. No comía pero compraba marcos y un día en un acto de irresponsabilidad compró una mesa italiana para la sala de recepción, no lo pudo resistir, era demasiado bonita, sabía que no comería unas semanas por eso, pero su vida era el centro.
Ramakrishna organizó un fin de semana en la naturaleza. Arregló toda la parte logística y también dictó todas las clases durante los dos días.
Milagrosamente los alumnos empezaron a llegar. Tanto es así que el salón de Yoga pronto quedó chico, y los que llegaban tarde ya no tenían lugar para practicar. Ramakrishna les decía que vengan otro día, pero ellos preferían practicar en el pasillo o en la sala de recepción.
Una de las alumnas que se familiarizó mucho con Ramakrishna, decidió regalarle la alfombra para todo el centro. Ramakrishna estaba eufórico, era su sueño y le parecía tan lejano, no podía creer que se haga realidad. Pero desafortunadamente, ella se alejó del yoga y le exigió todo el dinero que había dado para la alfombra. ¡Qué iba a hacer! Ya no podía cargar con todas las deudas.. ¿Cómo llegó a esta situación? Pero Dios siempre le mandaba un ángel, en los momentos más difíciles. Otra amiga que practicaba, que era una mujer muy exitosa y adinerada, viéndolo tan preocupado por todas las deudas, le cubrió todo lo que debía. Ella se hizo muy amiga de Ramakrishna y en conversaciones le aconsejaba que debería casarse nuevamente, conseguir un trabajo estable y formar una nueva familia. Ramakrishna trataba de explicarle, pero para la gente era difícil de entender. Un día le dijo: "tú tienes que entender que esto es una organización espiritual". "¿Organización?" — le dijo — "pero si estás tú solo".
"Sí, por ahora, pero habrá discípulos, ashrams, centros, libros, todo está por llegar". Levantando una ceja le dijo sonriendo — "OH... bueno, toma el dinero que te di como una donación a la organización".
La Experiencia de Yoga
Ramakrishna estaba feliz, contra viento y marea seguía adelante con su sueño. Ni por un instante se arrepintió de la decisión tomada.
Un día se sentó en el ventanal a ver el valle. Estaba esperando a los alumnos de las seis mientras veía el atardecer. Perdió la noción del tiempo, era tal la armonía, que no tenía que hacer ninguna técnica para sentir la divinidad en el aire. Por un momento tornó la cabeza para mirar el reloj en la pared contraria, y vio a los alumnos que habían entrado en silencio y se habían sentado a mirar con el cómo caía la tarde, nadie deseaba romper ese significativo silencio. Una alumna le dijo a Ramakrishna bañada en lágrimas:— "waw, está todo tan fuerte.. tan fuerte".