El maestro de maestros, el despierto entre los hombres, aquel del cual no somos merecedores ni siquiera de comer las migajas que caen de su plato, decidió parar su caminata y se sentó a un costado del camino. Sentado en paz, se dejó ir en profundo samadhi, su Ser entró en comunión con el Todo. Justo pasó por el lugar un ladrón y, al verle, pensó: “Este hombre con toda seguridad es un ladrón que ha estado asaltando y robando caminantes durante el día, ahora cansado, se ha sentado a reposar y se ha dormido. Mejor será que me vaya rápido de lo contrario la policía puede venir a buscarle y me agarrarán a mi también.”. El ladrón huyó rápidamente del lugar...

Más tarde pasó por el camino un borracho. Apenas se mantenía en pie y caminaba con gran dificultad. Al mirar al yogi sentado al costado del sendero se dijo: “Este está tan borracho que no puede ni siquiera moverse, dentro de su borrachera se ha quedado dormido en el camino.” Y entre tambaleos, se alejó...

Otro que pasó por el lugar pensó que el yogi era un perezoso haragán.

Por último apareció un sincero buscador de la Verdad, y al observar al yogi, al maestro de maestros, el despierto entre los hombres, aquel del cual no somos merecedores ni siquiera de comer las migajas que caen de su plato... juntó sus manos en señal de profundo respeto, se inclinó con lágrimas de emoción en sus ojos, ofreciendo sus reverencias y besó sus pies...