Cuatro vasijas repletas con agua, bajo el sol...

Un mismo sol, porque no son cuatro, ni siquiera dos...

Vaishnavismo... Shaivismo... Shaktismo... y Smartismo... cuatro diferentes reflejos de un solo sol, única Sabiduría Eterna... Sanatana—dharma...

Siempre ha sido difícil para teólogos y filósofos, para hombres de conocimiento y de información, captar y comprender la sabiduría... Porque el sol enceguece, encandila, despide tal brillantez que no es fácil mirarle directamente...

El estudio será siempre del reflejo... y hay quienes olvidan el sol de verdad...

Cuando el mundo judeo—cristiano occidental, con su actitud colonialista y sus investigadores, comenzaron a descubrir el Hinduismo, se encontraron frente a una religión muy diferente de aquellas a las cuales estaban acostumbrados. Una religión que, aunque habla de un solo Dios, se relaciona con un sinfín de dioses, por lo tanto la catalogaron erróneamente de politeísta. Una religión cuyos ritos y ceremonias cambian de acuerdo a las zonas y los sectores en la India. Una religión que incluye diferentes sectas y cultos, que aunque todas acepten los Vedas como las escrituras reveladas, cada uno resalta diferentes libros como los textos sagrados por excelencia. Al mundo occidental le tomó su tiempo comprender que el Sanatana—dharma no es sólo una pequeña extraña secta o un culto oscuro de unos cuantos seres extraños, sino que es realmente una religión con nada menos que un billón de seguidores, lo cual la transforma en la tercera religión del mundo en cuanto a su importancia en lo que se refiere al número de creyentes.

Más que una religión, diría que el Hinduismo es una familia de religiones agrupadas bajo un mismo techo, al cual denominaría los Vedas. Será imposible comprender el Sanatana—dharma sin entender que bajo este paraguas que son los Vedas conviven armoniosamente cuatro denominaciones principales, el Shaivismo, el Vaishnavismo, el Shaktismo y el Smartismo.