kurvann eveha karmāṇi
jijīviṣec chataṁ samāḥ
evaṁ tvayi nānyatheto 'sti
na karma lipyate nare

Actuando en el mundo de acuerdo a esta sabiduría, puede uno aspirar a vivir cien años y la acción no coartará su libertad.

De la misma manera que el mensaje que contiene el primer mantra de esta pequeña gran obra está dirigido al yogui que ha emprendido el camino de la sabiduría, este segundo se dirige al karma—yogui o al individuo que sigue la senda de la acción.

El Upaniṣad nos presenta una visión en la cual ambos se complementan. "Actuando en el mundo de acuerdo a esta sabiduría"... No sabemos algo sólo por el simple hecho de poseerlo almacenado en nuestra mente o porque forme parte de nuestra memoria. En religión, sabemos sólo aquello de acuerdo a lo cual vivimos y actuamos. Actuando y viviendo de acuerdo a esta sabiduría estamos realmente sabiéndola. Si para ser un religioso dentro de nuestra religión lo único que se requiriera fuese conocimiento de las escrituras, entonces Max Mūller hubiese sido un Acharya. Nadie posee verdadero conocimiento de las sagradas escrituras védicas sin manifestar ahimsa o "no violencia", satya o "veracidad" y un perfecto brahmacharya o "celibato".

La verdadera sabiduría y evolución se expresan en nuestro comportamiento...

Nuestras comprensiones se manifiestan en nuestro comportamiento...

Nuestras acciones son el más fiel reflejo de nuestro desarrollo...

Sanatana—dharma no se ocupa de información, sino de una completa transformación existencial. Actuar en el mundo de acuerdo a esta sabiduría significa vivir una "vida simple pero elevada".

En el Bhagavad—gita (3.16) leemos:

evam pravartitam cakram

nanuvartayatiha yah

aghayur indriyaramo

mogham partha sa jivati

"Aquel que no coopera para mantener el ciclo de los sacrificios védicos, y que sólo disfruta de los placeres sensoriales, sólo vive en vano".



Porque una vida de comer, dormir, aparearse y protegerse, dedicada sólo a la búsqueda del disfrute de los sentidos, es en vano... Sabemos que alguien está vivo porque respira, su corazón palpita, se mueve, habla etc. Sin embargo, la vida es mucho más que respirar y moverse, es mucho más que los latidos de un corazón.

Vivir irreligiosamente, sin espiritualidad, es vivir en vano...

"Puede uno aspirar a vivir cien años" se refiere al anhelo de vivir lo más posible en cuanto a cantidad, no sólo a lo largo, no sólo en horas, días, meses y años, no sólo en la superficie, sino vivir en profundidad, totalmente, intensamente... vivir de verdad... Recuerda que aunque esta vida pueda ser de mil años, en realidad pueda poseer el valor de un día. Pero también podemos vivir tan totalmente, tan intensamente, que un día deje en nuestro corazón y alma la sabiduría que queda después de vivir cien años.



No creo que exista alguien que no haya encontrado en su vida, aunque sea una vez, aquellas frágiles perlas de tiempo... me refiero a aquellos pequeños momentos tan vivos dentro de los cuales encontramos el valor de lo que hacemos, de nuestra existencia y de la vida entera... una mirada, un silencio, una sonrisa, un abrazo, un simple "gracias"... momentos con perfume a infinito y sabor a eternidad... para recordarnos que la vida no es cuestión de relojes, edad, calendarios, canas o tiempo, sino de intensidad... Envejecer no es necesariamente sinónimo de madurez; es un proceso superficial que corresponde al cuerpo, como enfermarse o morir. Madurar es tener la valentía de hacer uso de nuestra facultad de elección, lo cual nos asusta porque nos obliga a tomar responsabilidad... Porque los robles crecen hacia arriba, pero maduran en su raíz. Envejecemos y morimos en lo externo, pero maduramos en las profundidades de nuestro interior. Si descuidamos nuestras raíces, nuestro interior, si sólo creciéramos, la menor brisa nos votaría, y mientras más alto llegáramos, nuestro peligro aumentaría. El más grave peligro de esta humanidad inmadura que "avanza" y "progresa", que se eleva y alcanza alturas inimaginables en ciencia y tecnología, es su completo descuido de una evolución y desarrollo espiritual y a nivel de conciencia...



"Y la acción no coartará su libertad".

Toda acción retorna a su origen en forma de reacción. Este fenómeno ocurre a nivel emocional, mental y físico. Las acciones egoístas nos atan y esclavizan, ya que así sean positivas o negativas, al fin y al cabo, los resultados de nuestras acciones constituyen nuestra esclavitud al samsara o la rueda de nacimientos y muertes sucesivas...

Al comienzo del capítulo tres del Bhagavad—gita, Arjuna le pregunta al Señor Krishna:

arjuna uvāca

jyāyasī cet karmaṇas tematā

buddhir janārdanatat kiṁ karmaṇi

ghore māṁniyojayasi keśava

"Arjuna dijo: ¡Oh Janārdana! ¡Oh Keśava!, si consideras que la inteligencia es mejor que el trabajo fruitivo, ¿por qué deseas hacerme luchar en esta horrible guerra?"



Lo que aquí pregunta Arjuna a Krishna es muy significativo: si Tú dices que el conocimiento y la inteligencia son más elevados que la acción, entonces sería más apropiado que aceptara la orden de vida de saṅnyās y me marchara al bosque o a una cueva y dejara la lucha. En otras palabras, que dejara de hacer. Si la acción, en la forma de reacciones coarta mi libertad, quizás lo mejor sería simplemente dejar de actuar...

Sin embargo, en el capítulo 3, verso 5 del mismo texto sagrado, el Señor Krishna dice:

na hi kaścit kṣaṇam api

jātu tiṣṭhaty akarma—kṛt

kāryate hy avaśaḥ karma

sarvaḥ prakṛti—jair guṇaiḥ



"Todo el mundo está obligado a actuar irremediablemente conforme a las cualidades que ha adquirido de las modalidades de la naturaleza material. Por lo tanto, nadie puede dejar de actuar, ni siquiera por un instante".



En otras palabras, el ser humano está obligado a actuar, es imposible detenerse ni siquiera por un momento, no posee la libertad para elegir dejar de actuar. El único modo de actuar sin que la acción y sus resultados coarten su libertad, es haciéndolo de tal manera que él no sea el origen de la acción, o que la acción no sea ejecutada buscando sólo resultados egoístas. Así, su actuar será lo que denominamos acción meditativa.



Sólo actuando meditativamente y con observación podremos liberarnos de la acción y sus efectos, porque las acciones, al ser ejecutadas egoístamente, tomándonos a nosotros mismos como una parte, crean esperanzas y expectativas. Actuar esperando determinados tipos de resultados es un gran obstáculo para un estado meditativo, porque la búsqueda de resultados nos direccionaliza por completo hacia el futuro y no nos permite situarnos en el presente.

La actitud de explotación se origina en el ego, o aquella sensación de ser "el hacedor" de lo que nos ocurre. Al actuar sin una actitud explotadora, es decir sabiamente, sin la mera intención de recibir algo a cambio, la acción y sus resultados no lograrán esclavizarnos. Si actuamos en el mundo de acuerdo a esta sabiduría, la acción no coartará nuestra libertad... El Upaniṣad expone una síntesis entre sabiduría y acción...